preludio: pequeñas diapositivas de la vida

27 febrero, 2012

memorial



santiago

yo nací en 1985
en una ciudad rota por la tierra
llevo 26 años en este disfraz de hombre, y
algunas veces las arrugas del suelo se reflejan en mi cara
pero soy un animal contento
y pienso que he tenido suerte buenaventura
que mi madre me salvó al abrazar su vientre

chillán

yo nací en 1939, la pujante época de mineros
abarrotándose las espaldas contra la roca
negra el ébano subterráneo testigo de cierta subducción
las venas de nazca abriéndose paso por chile
y en mi cubil guardado de toda catástrofe se oían
los gritos de las ancianas aplastadas por murallas de adobe
tanta muerte, pensé en un momento, tanta
esperanza derrumbada
tanta patria viniéndose abajo y ningún dios para evitarlo

valdivia

aquí todavía se escucha un eco
subiendo y bajando por el río calle-calle
por puerto saavedra por angelmó
 “es el mar”, dicen los pescadores de la caleta y
se hacen al agua como peces a punto de la zozobra
los valdivianos siguen la trayectoria
de cisnes y pelícanos compran el pan
beben cerveza tienen sexo hacen que el reloj avance
en valdivia no se habla nunca de la muerte

valparaíso

los poetas las putas los marineros los paseantes
todos borrachos de ese amor
esa sal que puebla toda brisa toda vaguada en la boca del puerto
la ciudad atardece en este ulular de cerros de casas colgadas
de los árboles como ropa tendida al sol
la incesante procesión de próceres se detiene
en esta larga noche de agosto
como una estampida del tiempo
el cerro se hace tierra
la tierra se hace polvo
el polvo se hace fusil y paredón para los pobres
valparaíso se ha envuelto ese silencio que sólo trae la noche

punitaqui

el vasto norte de chile se hunde en el mar
como buscando oro en el agua
lo abrupto encuentra su definición
como si esas inmensas paredes de años contaran historias
de indios y taparrabos y alforjas de arcilla momificada
pero catorce años cuatro meses y doce días no bastan
para momificar el aire enrarecido de punitaqui
para evitar que rosarios y candelabros
sucumbieran a la sequedad de la montaña
el cielo del vasto norte de chile
transfigurado en un agujero letal, un espejo de arena
la ira subiendo por el limarí

cobquecura, juan fernández

yo nací en 1985
a los 23 años me fui de chile y desde lejos
el terror es que no hay piel
para guarecer el asombro, la obra inconclusa de la vida
en eso es la madrugada es el despertar furibundo de la madrugada
como el canto de un gallo sideral
arrinconando al tiempo transcurrido
mi sangre se derramó por chile
hasta quedarme vacío de palabras y truenos
ante la humanidad desbordada por las calles y los ríos
una patria rota
una canción triste para cubrir las vergüenzas
esas que los ojos
jamás callan

pero fue el mar
en todos los sitios del mundo fue el mar el océano
llevándoselo todo con sus manos espumosas
el silencio de un niño y de una mujer acompaña
el tañido solitario de una campana en lo alto
en lo más alto de ninguna parte
fue el mar
ese animal dormido ese vertedero de muerte
ese permanente lugar para la memoria.


27 febrero 2012

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